jueves, 28 de septiembre de 2017

Taller de Escritura para jóvenes y adolescentes.

¿Tienes entre 15 y 25 años?  ¿Te gusta escribir o te gustaría aprender a hacerlo? ¿Quieres formar parte de un grupo que comparte sus experiencias por medio de la escritura autobiográfica?  Te invitamos a inscribirte en nuestro taller de escritura para jóvenes y adolescentes que se llevará a cabo de manera presencial y virtual.  Deja tus datos aquí  y recibe la información completa.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

¿Cómo elegir el libro adecuado para mi hijo?


Constantemente hemos escuchado que los niños desarrollan el gusto por la lectura en casa.  Si, lo sabemos y quizás (por fortuna) seamos asiduos lectores que podamos servir de ejemplo visual como comienzo para ellos, pero puede caber la posibilidad de que no seamos amantes de la lectura, entonces nos enfrentamos a la pregunta de ¿Cómo comenzar a desarrollar el gusto por la lectura en mi hijo (a)? o más específicamente "Me han dicho que debo leerle a mi hijo pero ¿Cómo comienzo? ¿Qué libros elijo?"

Lo más importante de todo es partir de la acción, es decir, comienza.  No esperes a ser experto (a), si crees que solo quienes saben hacerlo lo pueden llevar a cabo, jamás te atreverás.  Comienza a crecer junto con tu hijo (a).  

Tú lo conoces mejor que nadie. Identifica aquellos intereses que dominan su atención en este momento, ya sean dinosaurios, princesas, cocina, superhéroes, amigos, escuela, algún miedo en particular o suceso familiar, cualquier cosa puede ser un detonante para captar su interés. 
Después de ello busca un libro que se relacione con el tema y sobre todo que sea acorde a su edad. 

Actualmente existen muchas editoriales especializadas en literatura infantil que cuentan un vasto catálogo de obras de diversos autores.  Trata de buscar nuevos autores, temas distintos.  No digo que abandones por completo los cuentos clásicos o las versiones escritas de algunas películas de dibujos animados, pero trata de ampliar las opciones de tu pequeño (a).  Los niños interactúan con lo que saben, lo que conocen, así que es tu responsabilidad brindarles opciones novedosas.

Otro aspecto a considerar es la edad adecuada.   Cada texto infantil está escrito para un público específico.  Si es demasiado básico, se aburrirá fácilmente, si es demasiado extenso o complejo para su edad no encontrará el vínculo para identificarse con la obra.  Editoriales como Alfaguara, SM, Fondo de Cultura Económica entre otras, manejan clasificaciones de sus obras de literatura infantil considerando la edad y destreza para leer.   Ve probando cuales son más adecuadas y progresivamente aumenta la complejidad para que desarrolles su atención y concentración, así como para que brindes nuevo vocabulario.

Todos podemos ser lectores, entonces ¿por qué no todos leemos por placer?  Desgraciadamente aquellos que no poseen un gusto por la lectura ha sido porque han tenido experiencias poco gratas con esta práctica, o bien porque no crecieron en ambientes lectores.  Sin embargo nunca es tarde para fomentar este hábito, incluso en uno mismo.  Busca temas de tu interés.  No te dejes apabullar por títulos o escritores laureados, lee lo que quieras, lo que te interesa, lo que te divierte.  No te sientas obligado (a) por leer algo en particular, puedes proponerte alguna obra famosa e irte adentrando en ella pero no es obligatorio que te guste un libro, por más famoso que sea.  Es más, si un libro no te gusta, uno de tus derechos como lector es no concluirlo o darle una pausa hasta que decidas terminarlo.  Recuerda leer debe ser un gusto, no un pesar.

Así que empieza por ti. Cuando encuentres lo que te gusta o interesa, practica.   Comienza por periodos breves a leer, puedes incluso, asignar tiempos para leer y cuando menos lo imagines, te verás leyendo por más tiempo y desearás hacerlo con más frecuencia. 

Atrévete a leer y comprométete a leerle a tu hijo y promover que él lo vaya haciendo, pero por gusto, no por imposición.  Disfruten juntos y así verás como esto se volverá un momento recreativo para ambos.

jueves, 21 de septiembre de 2017

No me gusta leer.



En numerosas ocasiones, hablando de todo un poco con la gente, sale el tema de la lectura. La última vez, un amigo reconocía que no leía nada que no estuviese relacionado con su profesión. Hacía años que no cogía un libro de otra materia y se ponía a leer por placer.

No hay nada de malo en ello, si no quieres leer porque simplemente no te gusta, pues ya está. No hay nada de lo que avergonzarse.
El problema es cuando lo que te pasa es que en realidad sí quieres leer pero no lees porque crees que no te interesa nada.

Voy a rizar el rizo un poco más. Hace ya tiempo otro amigo me contaba que quería leer delante de sus hijos para que ellos cogiesen el hábito de leer. Pero que no conseguía sentarse más de 5 minutos a leer, que se levantaba enseguida y dejaba el libro porque no conseguía concentrarse ni disfrutar de la lectura.

No voy a entrar en lo beneficioso que es el hecho de leer libros en general. Sí en cambio te voy a decir qué puedes hacer cuando te encuentras en esa situación en la que no lees porque no te gusta pero te sientes en la obligación de hacerlo.

Posibles razones por las que no lees
  1. [Como ya has visto:] Cuando lees, no disfrutas
  2. No tienes tiempo
  3. Estás cansado
  4. Optas por cosas que requieren menos esfuerzo intelectual: televisión
  5. Tienes cosas más importantes que hacer
Solución
Pregúntate lo siguiente:
  1. ¿Cuál es tu pasión?
  2. ¿Cuáles son tus aficiones?
  3. ¿Sobre qué te gustaría saber más?
  4. ¿Con qué disfrutas cuando aprendes sobre ello?
  5. ¿Qué te gustaría saber?
  6. ¿Qué consigues leyendo sobre algo que te gusta?
  7. ¿Hay algo que puedas hacer para tener 10 minutos al día para leer?

Hazte esas preguntas y responde a ellas honestamente. Ahora dime si todavía no vas a leer.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Tu frase...


Y tú, ¿Ya la encontraste?  ¿Cuál es? ¿Qué te provoca? y si aún no la encuentras. ¿Seguimos buscando juntos?

jueves, 7 de septiembre de 2017

¿Cuándo enseñar a leer?

Maduración neurológica, clave para iniciar el proceso de la lectura.

Amalia Gordóvil, psicoterapeuta infantil, aboga por respetar la maduración neurológica necesaria para iniciarse en el proceso de la lectura.
En la enseñanza formal de la lectura hay dos posicionamientos: en el primero están los partidarios de enseñar a leer a los niños a partir de los tres años, y en el segundo, quienes creen que es mejor hacerlo después de los seis. Para la psicoterapeuta infantil, Amalia Gordóvil, fijar una edad para aprender a leer es frustrar a los niños, porque hay que esperar a la maduración cerebral de los menores.
Para la también profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), lo más adecuado es encontrar un punto de equilibrio: “Hay que estimular la curiosidad de los niños al principio con actividades relacionadas con la lectura, como que el maestro o los padres les lean cuentos, hablar sobre algún texto conjuntamente..., y, a partir de ahí, ir introduciendo aprendizajes más complejos, valorando en todo momento el desarrollo individual de cada niño”, explicó en entrevista con el diario español ABC.
La experta explicó que, a diferencia de lo que sucede con el lenguaje oral, el aprendizaje de la lectura no se hace espontáneamente. “Leer requiere una enseñanza con unas prácticas educativas concretas. Hay que cumplir unos requisitos previos vinculados a la maduración neurológica que se correlacionan positivamente con la edad. Cuanto mayor es el niño, más maduración hay”, señaló Gordóvil.
Las últimas investigaciones neurológicas han comprobado que la lectura activa en el cerebro el sistema el motor, el sensorial, y áreas vinculadas a las funciones de lenguaje, la memoria y la atención. Según Gordóvil, hay niños que a los cinco o seis años no están preparados para iniciarse en la lectura y eso no debe ser un problema. Según la experta, hay que respetar su velocidad de “maduración neurobiológica”.
“Establecer que todos los niños de seis años deben saber leer es contribuir a la frustración y desinterés de los que tienen un ritmo de desarrollo diferente”, añadió. La profesora recordó también que la forma de aprender de los niños es jugando: “Ésta debe ser la prioridad en estas edades; no se debe forzar una maquinaria que todavía no está a punto”.


Fuente:
Editorial SM. Maduración neurológica, base para la lectoescritura. 

martes, 5 de septiembre de 2017

La poesía Narrativa.

Nos gustan las historias.  El ser humano ha sido narrador desde épocas ancestrales, primero por medio de la tradición oral, la creación de los mitos y antes de la escritura, incluso, a través de la pintura, pero siempre buscando plasmar su historia, dejar un legado de su existencia, de su paso por este mundo.

Desde sus inicios poesía narrativa es un recurso inagotable de historias, de sentimientos y de ingenio. Incluso en sus comienzos en poemas épicos como la Epopeya de Gilgamesh, pasando por la Ilíada y la Odisea, hasta Edgar Allan Poe. Este día les compartimos el asombroso poema del poeta nicaragüense Rubén Darío, un tejedor de historias maravillosas.   Éste quizás sea uno de los más conocidos para muchos: "A Margarita Debayle" Disfruten de la lectura y animación de este bello poema en el hipervínculo debajo.

lunes, 17 de abril de 2017

¿Por qué fomentar la lectura con tus hijos?

Es una pregunta que parece una obviedad, sin embargo, es notorio como ha disminuido la cantidad de lectores jóvenes. Sin intentar dejar de lado la grave deficiencia de habilidades comunicativas tanto orales como escritas, resulta preocupante la falta de interés por la lectura, como hábito recreativo, tanto de niños como jóvenes, así como de la producción de textos propios.

Antes de siquiera abordar las cuestiones relativas al desarrollo del proceso de la lecto-escritura, es importante que los niños tengan aproximaciones a la letra escrita.  Deben comprender la función comunicativa del lenguaje incluso antes de que aprendan a leer, para posteriormente, adquirir esta habilidad y perfeccionarla comprendiendo el papel indispensable que posee tanto en la vida cotidiana como en el aprendizaje.

Por ello, resulta vital su intervención como padres para acercar a los niños a la lectura. Deben procurar motivarlos aprovechando y estimulando la curiosidad y capacidad de asombro que ellos ya poseen.  Debemos ser conscientes de que, a menos de que exista una condición particular que dificulte el desarrollo del acto de leer (dislexia, TDAH, problemas visuales no diagnosticados, entre otros), no existe tal cosa como niños que puedan ser lectores y niños que no. Solo hace falta trabajar la motivación adecuadamente.

A manera de consejos (no de receta de cocina) existen varias sugerencias en las que diversos autores coinciden:

Léanles cuentos cotidianamente.  Permíteles participar de ello, hazles preguntas para que reflexionen, deja que ellos te "lean" el cuento, intenten pensar juntos en finales alternativos y muy importante, se expresivo al leerlos, nada desanima tanto como una lectora monótona.  Recuerda apartar realmente un tiempo para hacerlo. Si tú disfrutas el tiempo, tu hijo(a) también lo hará.

Háblales de tus lecturas. Si le lees algo que ya conocías, un libro que te gustó en tu infancia, comparte tu vivencia con él o ella, úsalo como punto de encuentro.

Acércalos a ambientes lectores.  Visiten las bibliotecas, muchas ciudades cuentan con bibliotecas infantiles o con espacios dedicados al público infantil en las bibliotecas públicas donde se planean actividades dirigidas a ellos que les van mostrando el maravilloso mundo de las letras.  Vayan a librerías y elijan juntos  cuentos o libros adecuados a su edad, descubre sus intereses, trabaja la motivación conociendo más lo que le gusta a tu hijo(a).

El gusto por la lectura se aprende.  ¿Quieres que tus hijos lean? Lee.  Así de fácil.  La mejor influencia y motivación es un ambiente lector donde el niño aprenda que la lectura es un acto natural y cotidiano.  Hazlo que participe de las situaciones comunicativas que existen en casa, leer en voz alta la receta del platillo que preparan juntos, lean las palabras escritas en la caja de su cereal, los recados que se escriben o reciben (y obvio, son aptos), etcétera.  Existe un sin fin de posibilidades de que un ambiente alfabetizador motive al niño a querer pertenecer a la comunidad lectora. Por lo tanto no desaproveche ninguna oportunidad para que sus hijos descubran las virtudes de la lectura.


Pero lo más importante, como lo es en la formación de cualquier hábito es la constancia y la perseverancia.  Suele suceder que comenzamos animosos con estas actividades y conforme va pasando el tiempo bajamos el ritmo, el entusiasmo y la frecuencia, lo cual incide en la fortaleza del hábito que se pretende formar.  De cualquier manera, dar el primer paso es un buen inicio, claro sin perder de vista la meta a largo plazo.