
Antes de siquiera abordar las cuestiones relativas al desarrollo del proceso de la lecto-escritura, es importante que los niños tengan aproximaciones a la letra escrita. Deben comprender la función comunicativa del lenguaje incluso antes de que aprendan a leer, para posteriormente, adquirir esta habilidad y perfeccionarla comprendiendo el papel indispensable que posee tanto en la vida cotidiana como en el aprendizaje.
Por ello, resulta vital su intervención como padres para acercar a los niños a la lectura. Deben procurar motivarlos aprovechando y estimulando la curiosidad y capacidad de asombro que ellos ya poseen. Debemos ser conscientes de que, a menos de que exista una condición particular que dificulte el desarrollo del acto de leer (dislexia, TDAH, problemas visuales no diagnosticados, entre otros), no existe tal cosa como niños que puedan ser lectores y niños que no. Solo hace falta trabajar la motivación adecuadamente.
A manera de consejos (no de receta de cocina) existen varias sugerencias en las que diversos autores coinciden:
Léanles cuentos cotidianamente. Permíteles participar de ello, hazles preguntas para que reflexionen, deja que ellos te "lean" el cuento, intenten pensar juntos en finales alternativos y muy importante, se expresivo al leerlos, nada desanima tanto como una lectora monótona. Recuerda apartar realmente un tiempo para hacerlo. Si tú disfrutas el tiempo, tu hijo(a) también lo hará.
Háblales de tus lecturas. Si le lees algo que ya conocías, un libro que te gustó en tu infancia, comparte tu vivencia con él o ella, úsalo como punto de encuentro.


Pero lo más importante, como lo es en la formación de cualquier hábito es la constancia y la perseverancia. Suele suceder que comenzamos animosos con estas actividades y conforme va pasando el tiempo bajamos el ritmo, el entusiasmo y la frecuencia, lo cual incide en la fortaleza del hábito que se pretende formar. De cualquier manera, dar el primer paso es un buen inicio, claro sin perder de vista la meta a largo plazo.